La estrategia fiscal y estructural de Pemex busca mejorar su perfil financiero, pero persisten obstáculos que dificultan una mejora sustancial en su nota crediticia. Pemex mantiene un proceso de esfuerzo para reducir su carga de deuda y mejorar su situación financiera en medio de un contexto de desafíos estructurales y operativos. Para 2027, las proyecciones apuntan a que la deuda financiera de la petrolera disminuirá a aproximadamente 78 mil millones de dólares, desde los 100 mil millones actuales. Esta reducción se ha logrado gracias a apoyos financieros otorgados por el gobierno mexicano, incluyendo colocaciones de instrumentos como los P-CAPs, fondos de inversión y recompra de bonos, además de lineamientos presupuestales. A pesar de estos avances, las agencias calificadoras como Moody’s advierten que la salud intrínseca de la compañía permanece en una categoría de alto riesgo, con una calificación en grado especulativo. La mejora en la nota crediticia, que pasó de ‘B3’ a ‘B1’, refleja principalmente el respaldo externo, pero no ha modificado la percepción sobre la solvencia real del negocio en sí, que sigue siendo vulnerable por problemas estructurales y de gestión. Entre los principales obstáculos para una recuperación sostenida, se encuentra la necesidad de incrementar la producción de hidrocarburos, reactivar proyectos como los contratos mixtos y mejorar la eficiencia en las refinerías. La situación de las pensiones y la inversión en infraestructura petrolera también representan amenazas al equilibrio financiero de Pemex, con gastos de jubilación que alcanzan los cuatro mil millones de dólares anuales. Además, la rentabilidad del negocio de refinación continúa siendo deficiente, a pesar de los esfuerzos por mejorar operación y reducir costos mediante la optimización de las refinerías, como la de Dos Bocas. Expertos de Moody’s señalan que será clave que Pemex demuestre avances concretos en la reactivación de sus operaciones principales y aumente su producción,
