La región muestra un incremento en extremismos y disminución de ciudadanos moderados, reflejando una tendencia global exacerbada desde 2015. En las últimas dos décadas, América Latina ha experimentado un marcado incremento en la polarización política, superando a otras regiones del mundo. Hasta principios del siglo XXI, la región mantenía niveles relativamente bajos de división ideológica, posicionándose como una de las menos polarizadas a nivel global. Sin embargo, a partir de 2015, esta tendencia se aceleró notablemente, alcanzando picos que la colocan por encima del promedio mundial hacia 2017. Este incremento en la fragmentación ideológica coincide con una reducción significativa en la cantidad de ciudadanos que se identifican como moderados. Investigaciones y análisis de encuestas en países como Ecuador evidencian una caída de 12 puntos porcentuales en la proporción de población que se considera de centro entre 2010 y 2017. Simultáneamente, aumenta la cantidad de personas que se alinean con posturas de extrema izquierda, acompañadas de un crecimiento más moderado en quienes se creen de extrema derecha. Un dato relevante es la notable caída en quienes optan por no responder o evitar posicionarse en el espectro ideológico, lo cual indica una tendencia mayor a la definición y clasificación política entre los ciudadanos. Este fenómeno refleja un escenario donde las etiquetas y posiciones políticas se consolidan más que nunca, incluso en un contexto global de crecientes desigualdades y tensiones sociales. El panorama actual requiere analizar cómo estos cambios impactan la estabilidad democrática, las dinámicas sociales y las próximas elecciones en un continente donde la polarización podría traducirse en mayores desafíos para la gobernabilidad y el diálogo político saludable.
