Salamanca, España. - Miguel Ángel Labrador, osteópata y triatleta, ha transformado su vida a través del triatlón, una disciplina que inició en 1988. Su trayectoria incluye una transición del ciclismo y la halterofilia al triatlón, con la participación en el Ironman de Lanzarote como punto de inflexión. Este evento, que comenzó en 1992, lo motivó a unirse a la comunidad de triatletas, a pesar de las dificultades iniciales en natación y carrera.
Desde 2014, Labrador ha sido parte del equipo Pro Team Bianchi, colaborando con atletas de élite, lo que ha ampliado su conocimiento sobre las demandas de la competición. “Las terapias te enseñan a afrontar los entrenamientos de una manera más saludable”, afirma, destacando la importancia de escuchar al cuerpo y adaptarse a sus necesidades.
Con respecto a su labor como terapeuta, ha trabajado en Kona, Hawái, durante el Campeonato del Mundo de Ironman, donde ha atendido a deportistas de diversas categorías. Valora especialmente a aquellos que logran equilibrar sus entrenamientos con su vida laboral y familiar. A su vez, ha coorganizado la prueba Tri 122, una experiencia que le permitió conocer los desafíos de la organización de eventos deportivos.
Labrador recuerda con cariño el Triatlón del Real Club Náutico de Arrecife, su primera competición, y destaca el Ironman de Lanzarote como un evento único por su dureza y belleza. “No cambio Lanzarote por Hawái”, sentencia, resaltando la contribución de Kenneth Gasque a su consolidación.
Miguel Ángel se siente agradecido por lo que el triatlón le ha brindado. Sus entrenamientos le han enseñado a vivir con mayor equilibrio y a valorar las relaciones. “Lo importante es vivir de forma sana y saludable”, concluye.
Con información de diariodelanzarote.com

