Las imágenes de agentes de Immigration and Customs Enforcement (ICE) aguardando a la salida de un tribunal de familia en Denver o irrumpiendo en un empacador de pollos en Georgia condensan la paradoja migratoria contemporánea de Estados Unidos: la misma economía que requiere mano de obra extranjera intensifica al mismo tiempo los operativos contra quienes carecen de documentos. De acuerdo con el Informe Anual 2024 de ICE, las detenciones administrativas en el interior del país sumaron 113 431 personas—un descenso de 33 % respecto de 2023, pero con una mayor proporción de migrantes con antecedentes penales, lo que amplificó la sensación de persecución en los espacios cotidianos donde viven y trabajan las comunidades latinoamericanas. Este incremento de la presión policial no se ciñe a la frontera. Los arrestos “en sitio de trabajo” y la presencia alrededor de juzgados extienden la vigilancia a lugares esenciales para la vida diaria. El mensaje simbólico es contundente: aun los trámites para regularizar la situación migratoria se vuelven lugares de riesgo. El impacto va más allá de las cifras; genera temor a denunciar delitos o a presentarse ante tribunales de familia, y vulnera derechos humanos como el acceso a la justicia y a la seguridad personal consignados en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos . Fenómenos parecidos se observan en Europa occidental, donde sectores políticos asocian la llegada de solicitantes de asilo musulmanes con un supuesto aumento de la delincuencia. El discurso público que equipara extranjería con peligrosidad ha alimentado actos de violencia racista y políticas de contención cada vez más estrictas. América Latina, por su parte, ha empezado a replicar tendencias similares. En Chile, por ejemplo, la entrada irregular de casi medio millón de venezolanos entre 2019 y 2024 coincide con un alza en la percepción de inseguridad, pese a que la tasa de homicidios chilena—4.6 por 100 000 habitantes—sigue siendo de las más bajas de l
Editorial
Derechos humanos en la frontera: entre la criminalización del migrante y la dependencia económica
Las imágenes de agentes de Immigration and Customs Enforcement (ICE) aguardando a la salida de un tribunal de familia en Denver o irrumpiendo en un empacador de pollos en Georgia condensan la paradoja migratoria contemporánea de Estados Unidos: la misma economía que requiere mano
Por Marlene Del Toro Granados6 min de lectura

