La ceremonia, que reunió a 20 bebés en el Vaticano, refuerza la importancia de la infancia y la tradición en la continuidad de la fe católica. En una ceremonia solemne en la Capilla Sixtina, el Papa León XIV presidió por primera vez un bautismo colectivo, celebrando a 20 bebés en un acto que reafirma el papel fundamental de la infancia en la vida cristiana. Esta tradición, instaurada en 1981 durante el pontificado de san Juan Pablo II, coincide con la festividad del Bautismo del Señor, un evento que rememora el bautismo de Jesús en el río Jordán y su vínculo con la liturgia y el arte del Vaticano. El acto, que combina simbolismo y devoción, se desarrolló en un ambiente de serenidad, donde cada niño fue ungido con agua en la pila bautismal diseñada como un Árbol de la Vida, y revestido con túnicas blancas que representan pureza y nuevas posibilidades. La ceremonia incluyó la encendida de velas y el tradicional toque en boca y oídos, gestos que simbolizan la apertura a la fe y la comunidad cristiana. Más allá de su valor religioso, este evento reivindica la capilla Sixtina como un espacio vivo y de importancia espiritual, más allá de su reconocido patrimonio artístico. La decisión del pontífice de realizar allí este rito subraya la prioridad que la Iglesia concede a la familia y a los primeros momentos de vida como cimiento de su continuidad. Este acto cobra relevancia en un contexto mundial caracterizado por incertidumbre y desafíos sociales, llevando un mensaje de esperanza y perseverancia a través de la transmisión de la fe desde la infancia. Con un tono humano y pastoral, León XIV reafirma su compromiso con una Iglesia cercana y centrada en el cuidado de las nuevas generaciones.
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