La distribución de gas licuado en Puebla, Tlaxcala, Estado de México y Ciudad de México enfrenta retrasos debido a fallas en la logística, sin que exista desabasto, lo que impacta a millones de hogares y empresas. Los esfuerzos por garantizar el suministro de gas licuado de petróleo (LP) enfrentan desafíos en diversas regiones del país, incluyendo Puebla, Tlaxcala, el Estado de México y la Ciudad de México. Aunque en estas zonas aún hay suficiente combustible, las complicaciones logísticas en la distribución han provocado retrasos en la llegada del gas a los usuarios. La principal causa radica en cuestiones relacionadas con la infraestructura y la capacidad de transporte controlada por Pemex, que, desde hace varios años, enfrenta dificultades en el mantenimiento de sus sistemas de distribución. La situación ha llevado a cambios en los puntos de abasto y a episodios de racionamiento, afectando a aproximadamente 27.8 millones de hogares y numerosas empresas. Pese a las perturbaciones, las autoridades y las asociaciones del sector aseguran que el suministro se está estabilizando, especialmente con el incremento en la demanda durante diciembre. Expertos indican que estos problemas, aunque temporales, reflejan la necesidad de fortalecer la infraestructura y mejorar la eficiencia en la distribución para evitar futuras interrupciones. Adicionalmente, el sector enfrenta normativas más estrictas tras una serie de incidentes, como las explosiones en pipas de gas. Las nuevas regulaciones demandan sistemas de control avanzados en los vehículos de transporte y mecanismos de trazabilidad, lo que también ha generado dificultades en su implementación, afectando a miles de unidades en circulación. La expectativa es que, a principios del próximo año, la industria logre adaptarse completamente a los requisitos, fortaleciendo así la seguridad y la confiabilidad del suministro.
